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Estos programas han brindado oportunidades de desarrollo y crecimiento a niños y adolescentes de diversos contextos socioeconómicos. Más allá de la enseñanza musical, han sido espacios de contención, sociabilización y aprendizaje.

Este medio cronicaba, hace unos días, el nacimiento de una nueva orquesta juvenil en José de la Quintana, haciendo frente al contexto social y cultural de desfinanciamiento actual.

El programa de orquestas infantojuveniles se ha convertido, desde los últimos 20 años, en un espacio crucial en la vida de muchos jóvenes. Sin embargo, la falta de financiamiento y apoyo estatal está poniendo en riesgo su continuidad y afectando directamente a quienes participan en él. La Orquesta Riooir de Paravachasca no es ajena a esta situación.

Desde sus inicios, estos programas han brindado oportunidades de desarrollo y crecimiento a niños y adolescentes de diversos contextos socioeconómicos. Más allá de la enseñanza musical, han sido espacios de contención, sociabilización y aprendizaje, donde los participantes tuvieron la oportunidad de expandir sus horizontes y relacionarse con personas fuera de su entorno habitual.

«Son programas, son proyectos que se ubican en lugares donde hay falta de recursos, sea por condición socioeconómica o por una condición de lejanías», apunta Aníbal Martinoli, director y profesor de teclas, en diálogo con Redacción Alta Gracia. «Es también brindar un espacio de contención a través del arte, a través de la música, que eso indudablemente potencia al ser humano que la habita», añade.

«Para las personas que están en formación, niños y jóvenes que están creciendo, es un espacio donde ellos pueden empezar a desarrollarse, a sociabilizar y tener una nueva mirada del mundo. Trasciende al círculo más cercano que tienen y todos se encuentran ahí, con una misma motivación que es la música y aprenden muchísimo más que el contenido musical, el hecho artístico, sino que aprenden a sociabilizar. La pata fundamental para que esto funcione es el Estado, quien tiene que velar por una sociedad más justa, más equitativa, con oportunidad para todos», opina Martinoli. Cabe destacar, además, que la orquesta participó el año pasado en un megaevento en Tecnópolis, donde pudieron compartir con miles de jóvenes de todo el país que pertenecen al mismo programa.

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Sin embargo, la situación actual muestra un panorama preocupante. El desfinanciamiento del programa llevó a reducciones en el personal docente y en los recursos disponibles, lo que afecta directamente la calidad y la continuidad de las actividades. Además, el contexto socioeconómico dificulta aún más la situación, obligando a recortes en el funcionamiento de las orquestas y limitando su capacidad para mantenerse como espacios de encuentro y crecimiento.

«El desfinanciamiento de este tipo de programas hace que todo lo que dije antes se tirara a la basura, que no haya oportunidad para todos, que la cultura no llegue a donde tiene que llegar. Le estamos sacando en muchos casos una oportunidad de vida a gente: me refiero a crecimiento y, en nuestro caso, en la Orquesta RíoOir Paravachasca no le han renovado un contrato a una docente, lo cual eso hace que todos los profes nos veamos afectados ante esa situación. El mismo funcionamiento de la orquesta la debimos achicar» cuenta.

Además, lanzaron una junta de firmas a través de la plataforma Change.Org para la continuidad del programa y la reincorporación de los docentes y representantes despedidos.

Al final, la casta eran los músicos.