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martes, noviembre 30, 2021
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Demasiado Humano: una personalísima despedida para Maradona

Por Pablo Rodríguez Maradona saltó de Villa Fiorito a la Eternidad, como un ser por fuera de toda lógica que le puso un palo en la rueda a la historia.

Con su lengua filosa, tan filosa como su zurda, atravesó ese muro que mantenía en silencio a los deportistas.

Quebró el maleficio de la Torre de Babel y universalizó la narrativa rebelde y políglota que tantos casi anónimos gritos rebeldes del fútbol venían expresando por lo bajo. Pienso nada menos que en Sócrates y la Democracia Corinthiana como expresión de resistencia a la dictadura brasileña, como uno de los tantos ejemplos de rebeldías casi desconocidas.

Desde ese juego que los fascistas defenestran como «deporte de caballeros, jugado por animales», Maradona saltó a lo más alto de la historia para universalizar un grito, un palo en la rueda del poder corporativo y alcahuete.

Leí por ahí una paráfrasis que sintetiza todo esto: «Maradona es el hecho maldito del fútbol burgués».

Se esperaba de Maradona como de cualquier futbolista de élite, que juegue y que mueva la rueda de la economía global, pero sin romper las bolas.

Pero el tipo se inventó y se reinventó como un abyecto a ese destino prefijado. Eligió embeberse de contradicciones cuando se lo endiosó. Eligió exponerse como un ser humano, contradictorio, errático, bocón, sucio, para equilibrar tanta magia incomprensible en su cuerpo caliente, en su zurda imposible.

Guarro, obsceno, lúcido. Decidor de verdades con tono de denuncia, fue el portavoz de los sin voz en la arena a la que no acceden los parias.

No hay que caer en esa trampa de «juzgarlo por lo que hizo en el fútbol y no por lo que hizo en su intimidad». Maradona es todo lo que hizo en su vida. Como lo somos todos.

Molesta Maradona porque pateó el tablero afuera de la cancha, entonces los miserables inventan distinciones para elegir a su Maradona favorito y fustigar al que les desagrada.

Maradona somos todos. Barro y champagne. Aciertos y errores. Soberbia y humildad.

Amo a Maradona porque siento que es un poco yo, un poco todos. Porque se coló en los lugares que queremos alcanzar y nos convencen que son imposibles.

Vaya si vale amarlo por semejante gesto.

Es un ser de otro tiempo. Que desde la mirada de hoy, nos interpela con sus contradicciones. Aprendamos de ellas. No repitamos lo que sintamos que está mal, pero no nos dejemos tentar por quienes livianamente lo quieren colgar para aliviar sus almas.

Que cada quien se haga cargo de lo que le toca.

Pero no seamos parte de los caretas que eligen matarlo para no hacerse cargo de que no pueden lidiar con sus propias humanidades.

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