Por Por Fabricio Navone- Los controles sanitarios se relajaron por el ajuste que aplicó el ministro de Desregulación. También hubo problemas con una partida de girasol a Europa.
El cierre del mercado chino a un frigorífico argentino y el rechazo de un cargamento de girasol en Europa confirmaron que el debilitamiento del Senasa que impuso Federico Sturzenegger iba a traer más de un dolor de cabeza a las exportaciones agropecuarias argentinas. Debilitar los controles sanitarios es suicida en un mundo de feroz competencia por los mercados, porque deja servida la barrera para arancelaria.
China suspendió las importaciones de carne del frigorífico ArreBeef, uno de los exportadores más importantes del país, por la supuesta presencia del antibiótico cloranfenicol, prohibido en el comercio internacional hace años.
La medida de la aduana China obligó al organismo sanitario argentino y a la Cancillería a activar trámites diplomáticos de urgencia para intentar revertir la situación que puede complicar la relación comercial con el mercado que explica el boom de las exportaciones de carne argentina.
Casi en simultáneo, la Unión Europea rechazó un embarque de girasol argentino por incumplimientos fitosanitarios, en línea con los estrictos estándares que aplica el bloque en materia de residuos químicos y trazabilidad. Un riesgo que anticipó en exclusiva LPO.
En el sector agroexportador ven con preocupación que el proceso de desregulación que impulsa Sturzenegger, incluya recortes presupuestarios que afectan la operatividad del Senasa. «La sanidad agroalimentaria no es un trámite administrativo sino la condición básica para poder exportar», dijo una fuente al tanto del vaciamiento.
Uno de los puntos más cuestionados fue la eliminación de mecanismos como el registro obligatorio de las empresas certificadoras que intervenían en los controles sanitarios, que permitía garantizar trazabilidad. Sin ese sistema, explicó a LPO un técnico del sector, se vuelve más difícil determinar responsabilidades cuando un cargamento es rechazado.
«El comercio exterior se sostiene en la confianza. Si no podés demostrar cómo certificaste un embarque, el problema deja de ser ese cargamento y pasa a ser todo el sistema», resumió a LPO el especialista.
Crece así la presión del sector para que el Senasa informe qué falló en estos casos y qué medidas se adoptarán para evitar que se repitan. En Rosario detectaron niveles excesivos de agroquímicos en frutas y verduras, lo que encendió alertas también en el mercado interno y reforzó la preocupación por los controles sanitarios a lo largo de toda la cadena.
El trasfondo es incluso más delicado. Los mercados internacionales avanzan en sentido contrario a las desregulaciones argentinas. Europa endurece cada vez más sus exigencias sanitarias y ambientales, con límites estrictos a los residuos químicos y prohibiciones sobre sustancias como el malatión, considerado probablemente cancerígeno por la OMS.
En ese contexto, los controles no se limitan al producto final sino que abarcan toda la cadena logística que obliga a llevar una rigurosa trazabilidad de producción: desde los camiones que transportan granos hasta las bodegas de los buques, los contenedores y los análisis de laboratorio. Cualquier falla en ese recorrido puede terminar en un rechazo en puerto.
El problema es grande si se considera que sólo en el complejo portuario del Gran Rosario se concentra cerca del 80% de las exportaciones de granos y subproductos, con picos de hasta 19 mil camiones diarios ingresando a las terminales portuarias. Un esquema de esa magnitud requiere controles sanitarios robustos y permanentes.
Los mercados internacionales avanzan en sentido contrario a las desregulaciones argentinas. Europa endurece cada vez más sus exigencias sanitarias y ambientales, con límites estrictos a los residuos químicos y prohibiciones sobre sustancias como el malatión, considerado probablemente cancerígeno por la OMS.
Por eso, en el sector advierten que los últimos episodios pueden ser una alerta temprana que se puede convertir en un problema mayor. Un rechazo en Europa o una suspensión en China no sólo afecta una operación puntual, sino que puede derivar en controles reforzados para todos los envíos argentinos, mayores costos logísticos y pérdida de competitividad.
A ello, se suma la poca muñeca para las relaciones internacionales que caracterizan al gobierno de Milei que prioriza una ideologización extrema para las relaciones exteriores que tensiona con históricos socios comerciales de la Argentina. El debilitamiento de los controles sanitarios puede ser así la excusa perfecta de algunos de esos países para cerrar el ingreso de productos argentinos.
La preocupación ya no es sólo comercial sino también institucional: la sanidad agroalimentaria es, por ley, una responsabilidad indelegable del Estado, mal que le pese a Hayek, Rothbard o Huerta de Soto.
Fuente: La Política Online











