Por Lic. Alicia Lucero. De la guardería al jardín; del jardín al primario; del primario al Secundario, hay cosas que cambia y, las mamás lo saben. Es verdad, todas las madres saben de los cambios que se producen cuando se pasa de un nivel a otro, aunque quizás, no lo denominen crisis. Por eso, hoy quiero hablar de una crisis que presenta novedosas diferencias al pasar de la primaria al secundario.
En este caso los estudiantes y la familia sienten que ya no tienen la contención casi maternal de “la seño”. Esa relación con la seño que, la mayoría de las veces, brindaba un cobijo «especial»; porque ella conocía al estudiante. Conocía a su familia con sus particulares formas de vivir como también, conocía al niño, desde sus capacidades para aprender y la personalidad que lo caracterizaba y, lo distinguía en el grupo.
En la secundaria, ese vínculo, se esfuma en medio de los numerosos profes, que incorporan en su nuevo etapa educativa. El trato que vincula al profesor y al alumno, es decididamente: otro.
El estudiante y su familia, ante este proceso, pierden el rumbo y no saben cómo encontrar a la persona que los va a ayudar y guiar como lo hacía antes el maestro.
Se suma también a lo sorprendente, la cantidad de contenidos que deberá incorporar para cada materia, y al cambio que deberá realizar en su manera de estudiar.
Finalmente, surgen innumerables preguntas que quieren resolver estas dificultades.
El cambio es grande, y los docentes de esta etapa, son generalmente, veloces con sus explicaciones y con sus propuestas.
Estamos en presencia de un nivel, en el que, el que no concentra con su atención, pierde temas de aprendizaje. El que no escribe rápido, se encuentra con pizarrones vacíos. O bien, con carpetas incompletas.
El secundario se convierte es un territorio para guapos ágiles, ordenados y atentos, que deberán utilizar sus mejores herramientas para acordar los mayores resultados…Pero, lo más importante es que se puede lograr.
Imagen: Connecticut public radio