Se cumplen siete años de la primera marcha de #NiUnaMenos… No obstante, poco se ha avanzado en el tratamiento mediático que se les da a los femicidios. ¿Vale la pena sumar clicks, ventas o audiencia, basado en la cosificación o la revictimización?
Tenía 14 años recién cumplidos cuando, haciendo zapping en la televisión, las fotos del cuerpo inerte de Nora Dalmasso, en un exhaustivo y con lujo de detalle análisis periodístico, me hicieron frenar en un canal de cable.
Años después, en mis primeros meses de estudiante de periodismo, las imágenes de las zapatillas de Ángeles Rawson en la portada de un diario eran repudiadas, sí, pero consumidas. Al igual que las imágenes de Nora Dalmasso.
Los femicidios son vendidos con una espectacularización del morbo que aún sigue vigente. Basta con sentarse a navegar por internet unos minutos, o sentarse a hacer sobremesa en Telefe, por citar un ejemplo. ¿Vale la pena sumar clicks, ventas o audiencia – incluso prestigio en un medio- basado en la cosificación, la revictimización?
En la mayoría de los casos hemos visto cómo el foco se pone sobre la víctima: quién era, dónde estudiaba, dónde trabajaba, qué hacía en su tiempo libre. Argentina toda sabía que Ángeles Rawson iba a la escuela, que era calladita, que consumía animé. De Micaela García (de donde nació la Ley Micaela) sabemos que era militante, combativa, que apoyaba la causa #NiUnaMenos… ¿Y de los femicidas? La falta de formación en perspectiva de género se hace evidente cada vez que se publica una noticia respectiva a un femicidio, revictimizando una y otra, y otra vez.
Se cronica con la crueldad con la que los varones predan a sus víctimas, sin pararse a reflexionar ¿es noticia? ¿qué análisis útil aporta esta información? ¿qué rol les estoy dando a los involucrados en el hecho? No olvidemos cuando se tituló “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria” sobre el femicidio de Melina Romero.
Lector, has visto miles de fotos de mujeres, adolescentes y niñas que ya no están. A las que les arrebataron la vida como si de objeto se tratase. Pero, ¿cuántas fotos de femicidas reconoces? ¿y de sus cómplices? ¿conocés la cara del policía que disparó a la amiga de Úrsula Bahillo, cuando fue a exigir justicia? ¿o la del juez que liberó a Wagner, el femicida de Micaela García? Una vez leí una frase que decía “Queremos que nos digan cuántos más son, en vez de recordarnos cuántas menos somos”.
Hoy los lectores son más ávidos, detectan con ojo de halcón los errores que cometemos los periodistas. Gracias por eso. Muchos vuelven a retitular, pero no alcanza. Será suficiente el día que, como comunicadores, asumamos que las palabras son responsabilidades, que con ellas agregamos o alivianamos cargas a abusadores y femicidas, seguimos construyendo o deconstruyendo la sociedad patriarcal en la que vivimos. Porque hoy, a siete años de la primera marcha de #NiUnaMenos, seguimos hartas. Hartas de que sigan faltando mujeres, hartas de familias deshechas, de que el Estado y la justicia miren hacia otro lado. Mientras tanto, basta de la impunidad de los varones, a los medios que nos recuerdan constante que nos puede pasar a cualquiera de nosotras. Pero recuerden: nos tocan a una y nos tocan a todas.
Ni una menos,
vivas nos queremos.