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domingo, agosto 1, 2021
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Descontrol: hay más fiestas clandestinas y boliches no autorizados

Por Verónica Suppo- La Municipalidad clausura ocho eventos por fin de semana. Algunos se realizan en baldíos o en casas deshabitadas. También se cierran bares por incumplir normas sanitarias.

Hace ya un año que los boliches y eventos sociales masivos están prohibidos debido a la pandemia de coronavirus. Pero a medida que la cuarentena se fue flexibilizando, las fiestas clandestinas comenzaron a sucederse en distintos puntos de la ciudad de Córdoba, a pesar de estar expresamente no autorizadas.

En el último mes y medio, la situación comenzó a tornarse “preocupante”, según lo describieron desde la Municipalidad de Córdoba, con fiestas y encuentros en lugares de difícil acceso y sin ninguna medida de seguridad sanitaria. Todo sucede a oscuras, sin conexión eléctrica habilitada y en campos o baldíos de la periferia de la ciudad.

Los jóvenes que llegan tienen entre 17 y 25 años. La mayoría acude en auto, sin usar barbijo ni ninguna otra protección y portando conservadoras llenas de bebidas alcohólicas. El centro de la reunión es casi siempre algún joven que oficia de DJ, aunque también algunos llevan su propia música. Los terrenos que ocupan, por lo general, son de dueños que dicen desconocer la realización de las fiestas. En otros casos, se realizan en casas deshabitadas, que son ocupadas sólo para este tipo de festejos.

El director de Espectáculos Públicos, Julio Suárez, reconoció su preocupación por la situación y aseguró que, por fin de semana, llegan a clausurar un promedio de ocho fiestas ilegales, aunque reciben muchos más llamados con denuncias de eventos de este tipo.

En lugares inaccesibles

La primera complicación que planteó el funcionario a la hora de realizar los controles es el acceso a los lugares donde se realizan las fiestas ilegales, ya que se trata de baldíos o campos sin alumbrado público, con caminos deteriorados, en los que el indicio número uno es la cantidad de autos estacionados.

“Los operativos se hacen con apoyo de la Policía y en muchos casos necesitamos más que un adicional, no sólo por los barrios periféricos en los que están sino por el estado en el que se encuentran los jóvenes”, confió el funcionario.

Esa repartición tiene ocho inspectores en el turno noche, además de los funcionarios que son los que llegan a realizar las clausuras. “Ahí es cuando comienza el problema: ningún joven está con barbijo, se nos acercan a centímetros de la cara para desafiarnos como diciendo: ‘Mira que te vamos a contagiar’. Y el otro problema es la violencia; al ser ilegales, no sabemos si sólo hubo alcohol”, dijo uno de los agentes que concurre a esos operativos.

“En la mayoría de los casos, los jóvenes despejan la zona, y desarman todo cuando llegamos con la Policía. Levantan las conservadoras y se van”, explicó Suárez.

Este modo de organizar las fiestas clandestinas también lo relató Gabriela, mamá de un joven de 18 años que vive en Villa Allende. “Iban a una fiesta supuestamente, pero terminó siendo en un campo, no había ningún control de nada y llegó la Policía. Por lo que me contó mi hijo, la mayoría de los chicos se fue y a algunos les pidieron los datos personales”, relató la mujer.

Otra cuestión que describieron los inspectores y funcionarios que realizan los controles es que las fiestas clandestinas con música y baile tienen como protagonistas a jóvenes de distintos segmentos sociales.

“Creemos que en esta conducta se visibiliza un desafío a las normas de convivencia, pero habría que indagar qué subyace a esas actitudes, qué nos pasa como comunidad. Vemos que esta modalidad se expande en todas las franjas etarias y sectores sociales”, confió uno de funcionarios que todos los fines de semana participa en los operativos.

Por lo general, los controles se montan después de las 3 de la madrugada, cuando estas fiestas ya están armadas y cuando ya finalizó el horario permitido de funcionamiento en bares. En ese momento, muchos chicos y chicas optan por continuar la noche en algún punto clandestino. Y allí es cuando se arman fiestas improvisadas en baldíos o casas deshabitadas.

“Lo que tratamos es ubicar un lugar y luego pedir que cuando salgan no se amontonen, que tomen distancia porque si no se quedan en la calle dando vueltas, o reunidos en los cordones de las veredas, todos juntos”, contó el director de Espectáculos Públicos.

Sin protocolo. Muchos locales tienen sus mesas demasiado próximas, lo que no permite guardar ninguna distancia social. (Facundo Luque)
Sin protocolo. Muchos locales tienen sus mesas demasiado próximas, lo que no permite guardar ninguna distancia social. (Facundo Luque)

Sitios autorizados

La segunda preocupación es qué pasa con los boliches, restaurantes y salones de fiestas reconvertidos como bares. En estos espacios se debe respetar la distancia y la música en vivo, donde sólo puede haber hasta cuatro intérpretes en el escenario. Sin embargo, también hay problemas en estos sitios. En varios lugares, los encargados permiten bailar, cuando ello está expresamente prohibido, o dejan entrar a una mayor cantidad de asistentes de la permitida.

Sólo a los grandes locales se los habilita a tener hasta el 50 por ciento de su capacidad ocupada, de acuerdo a los metros cuadros de superficie. Por ejemplo, un boliche reconvertido en bar con 600 metros cuadrados puede tener no más de 300 personas en su interior.

En estos locales que sí están habilitado y puede funcionar hasta las 3 de la mañana, los operativos se dividen en distintas categorías.

Los eventos en grandes superficies, como la Plaza de la Música o el Espacio Quality, por lo general trabajan con una modalidad de cena show, con artistas que desarrollan sus espectáculos y asistentes que deben permanecer sentados. Otros funcionan con la alternativa de teatro, con butacas vacías de por medio para garantizar distancia social.

Por lo general, estos eventos no tienen mayores complicaciones y los asistentes conocen con antelación cuáles son las normas que deben cumplir, como mantener la distancia en los ingresos y egresos, y permanecer en el mismo lugar en el show. 

Por lo general, se trata de producciones a las que concurren entre 600 y 1.200 personas.

Boliches

Otra de las categorías problemáticas en la noche son los boliches que, por la pandemia, no pueden funcionar como tales y que para poder reabrir deben reconvertirse como bares. Antes del inicio de la cuarentena, en marzo del año pasado, Córdoba Capital tenía alrededor de 40 locales habilitados como boliches, de los cuales 17 pasaron a ser bares para poder trabajar.

En este rubro se dan varias clausuras e intimaciones cada fin de semana, ya que algunos empresarios no respetan la capacidad permitida o porque los asistentes se pasan la noche bailando en los locales.

Los restaurantes no necesitaron reconvertirse como bares, amén de respetar el cierre a las 3 de la mañana y la obligación de guardar distancia social. Antes del inicio de la pandemia este rubro agrupaba a muchísimos locales, pero el número de negocios abiertos hoy es bastante inferior.

Lo mismo sucedió con los salones de fiestas. Sólo en Córdoba capital había 180 habilitados antes de la cuarentena, pero hoy están trabajando sólo 69, reconvertidos como bares.

En ese sector también se han aplicado clausuras, sobre todo en locales que permiten fiestas masivas y con baile. “Nos pasa en los controles que, cuando ingresamos, están todos sentados pero se los ve agitados o descalzos, y eso es porque que estuvieron bailando, pero acomodan todo para cuando llegan los inspectores”, confió uno de los responsable de los operativos municipales.

Entre febrero pasado y lo que va de marzo, el municipio realizó unas 40 clausuras en salones de fiestas. Los funcionarios afirman que se sancionan entre seis y ocho eventos por fin de semana y que, en la mayoría de los casos, se trata de lugares que están repletos de asistentes.

Zonas con más clausuras

Los boliches de Nueva Córdoba, Güemes, Cerro de las Rosas y Yofre vienen siendo los más sancionados en los operativos de control municipales. Si bien este rubro fue el más castigado por no poder abrir durante varios meses de pandemia, también fue uno de los que más rápido presentó ideas para reconvertirse. Tanto los dueños como los jóvenes asistentes coinciden en que hay un relajamiento en los hábitos de cuidado.

“Antes funcionaba una declaración jurada que descargabas con tu celular en la puerta, pero ahora ya nadie te la pide. Sí te ponen alcohol en la entrada, pero ya no todas las mesas tienen un dispenser”, contó Sofía, estudiante de diseño gráfico que vive en Nueva Córdoba. “Por lo general, vamos a los bares de Güemes porque ya los conocemos. Y notamos que las mesas están cada vez más cerca, a menos de un metro”, dijo.

Milagros estudia fotografía, vive en General Paz y es amiga de Sofía. “A las 2.30 en Güemes ya te están pidiendo la cuenta, y a las 3 te tenés que ir, no nos pasó nunca que nos dejaran quedar un poco más tarde”, relató la joven.

Es justo en ese horario cuando la movida de la noche comienza a tomar más ritmo y se montan los espacios clandestinos. Entre los empresarios de bares, son pocos lo que se arriesgan a más porque las multas por clausuras parten de los 150 mil pesos.

En el caso de las fiestas clandestinas, la sanción pecuniaria alcanza al dueño del lugar y a los organizadores. Se han aplicado multas de 2.500.000 pesos en eventos en los que había más de 500 personas.

Burbujas

El director de Espectáculos Públicos del municipio aseguró que con los representantes de cada sector se creó una mesa de trabajo para acordar ideas, trabajar sobre los protocolos y buscar alternativas posibles para que también el rubro pueda desarrollarse.

Entre esas ideas sobresale un proyecto para crear burbujas de hasta ocho personas en las que se permita mayor proximidad y baile. Particularmente, Suárez dijo que se solicitó al COE que analice la opción de “baile con protocolo”, para que por ejemplo las quinceañeras puedan bailar el vals con sus familiares, o que los novios puedan hacer lo mismo en los casamientos.

A esta iniciativa se suma un proyecto para habilitar burbujas de baile de hasta ocho personas. Sus integrantes podrían bailar juntos en un círculo delimitado en el momento de diversión.

“Esto es algo que venimos estudiando, cuando aún en Córdoba no se hablaba de las burbujas porque estamos muy preocupados por las fiestas clandestinas, en controlar y tomar medidas preventivas en uno de los ejidos urbanos más grandes que tiene el país”, dijo Suárez.

Discotecas piden más flexibilidad para poder funcionar

La Cámara Empresaria de Discotecas y Afines de la Provincia de Córdoba (Cedyaco) continúa pidiendo mayor flexibilidad para sus actividades. Desde la entidad, aseguraron que las fiestas clandestinas comenzaron a mermar con la apertura de los boliches en formato de bares.

El secretario general de la cámara, Marcos Genaro, dialogó con La Voz y aseguró que llegaron a realizar 400 denuncias de fiestas clandestinas por fin de semana. “El COE nos creó un canal directo con fiscalía. Pero nosotros estimamos que de cada 10 fiestas que se hacían, sólo dos eran canceladas y ocho no eran alcanzadas por los controles municipales o provinciales”, señaló el referente.

A la par, asumió que los adolescentes se aburren con el formato habilitado. Vale recordar que en la actualidad los boliches sólo pueden funcionar como bares.

“Se hace cada día más complicado mantener el formato gastronómico. Pero se cumple a rajatabla. Pueden circular algunos videos en los que parece haber un descontrol, pero hay cumplimiento de las normas”, consideró Genaro.

Además, planteó que “el protocolo se respeta de acuerdo a las posibilidades” de cada local. E hizo un llamado a la conciencia: “Los jóvenes se empiezan a aburrir y vuelven a buscar las fiestas clandestinas, donde no hay seguridad de ningún tipo para nadie”.

Según datos de Cedyaco, el rubro da trabajo a más de 10 mil personas de manera directa y más de seis mil de forma indirecta.

Fuente: La Voz del Interior

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