Foto La Voz del Interior

La Justicia de Córdoba condenó a prisión perpetua a Fernando Soria por un entramado de abusos, estafas y sometimiento. El tribunal consideró probado que una de las víctimas se suicidó como consecuencia del daño sufrido.

La Cámara Octava del Crimen de la ciudad de Córdoba, junto a un jurado popular, condenó a prisión perpetua a Fernando José Soria por el delito de abuso sexual seguido de muerte, en relación a una de sus víctimas que se quitó la vida en 2025. Además, fue hallado culpable de 37 hechos que incluyeron estafas, abusos sexuales simples, abusos con acceso carnal y privaciones ilegítimas de la libertad.

El juicio expuso el funcionamiento de una estructura que, durante años, operó bajo la apariencia de una “escuela espiritual” en Alta Gracia. En ese ámbito se investigaron delitos contra 27 víctimas, aunque durante el debate se reiteró que podrían ser más las personas afectadas que nunca denunciaron.

Para la acusación, no se trató de episodios aislados ni de hechos inconexos. “No son hechos aislados. Fue el resultado del arrasamiento subjetivo generado por un sofisticado dispositivo coercitivo que fue pergeñado, diseñado, ejecutado y controlado hasta el más mínimo detalle por Fernando José Soria”, sostuvo el fiscal de Cámara Hugo Almirón durante su alegato.

La causa había sido elevada a juicio meses antes por el fiscal de Alta Gracia, Alejandro Peralta Otonello. Sin embargo, el expediente tomó otra dimensión cuando, ya con el proceso en marcha, una de las víctimas, Pilar Savietto, se suicidó.

Esto llevó a la Fiscalía de Cámara a modificar la acusación y solicitar la aplicación del artículo 124 del Código Penal, sobre abuso sexual seguido de muerte, que prevé la pena máxima.

Esta figura comenzó a aplicarse en Córdoba luego del caso Sathya Insaurralde, que marcó un antecedente en la jurisprudencia sobre suicidios vinculados a casos de abuso sexual.

El tribunal técnico, integrado por los jueces Eugenio Pérez Moreno, Juan Manuel Ugarte y Marcelo Jaime, junto a los ocho jurados populares, consideraron probado que la muerte de Pilar, de 40 años, estuvo directamente vinculada al daño psíquico provocado por los abusos y el sometimiento ejercido por Soria.

En la sala, el veredicto generó una mezcla de sensaciones. Para las víctimas, el alivio de una condena que consideran justa se entrelazó con el peso de años de culpa, vergüenza y silencio. Soria, detenido desde 2023, pasará el resto de su vida en prisión.

Sometimiento

Este caso expone algo más que delitos aislados. Durante el juicio se reconstruyó el funcionamiento de una estructura que, según la acusación, operaba como un sistema de sometimiento progresivo.

Bajo distintos nombres –“Escuela de la Divina Sabiduría” fue el último–, la organización ofrecía talleres, sesiones de reiki y espacios de sanación espiritual. Ese era el primer contacto.

“El núcleo común era la búsqueda espiritual, la búsqueda de sentido. Y a partir de ahí se buscaban los dolores propios, dolores que podría tener cualquiera de nosotros”, explicó Juan Pablo Duarte, abogado querellante de seis víctimas.

Lo que seguía era un proceso lento y progresivo de despersonalización. Las víctimas fueron sometidas durante años a jornadas extenuantes, reglas estrictas y control sobre todos los aspectos de sus vidas. Soria les decía qué comer, cómo vestirse, con quién relacionarse, cómo administrar su plata.

El aislamiento era la clave de su estrategia. Decía que las familias, parejas, amistades y trabajos eran parte de una realidad inferior, la “3D”, en su discurso, de la que debían separarse. La “escuela” se convertía entonces en el único espacio de pertenencia.

“Era una telaraña de la cual, una vez que habían ingresado, ya no podían salir”, dijo el fiscal Almirón. Otra víctima lo sintetizó con una imagen clara: “Era una cárcel sin llaves”.

A ese encierro se sumaban las humillaciones, los insultos y la violencia psicológica constante. También se registraron episodios de violencia física. En ese contexto, los abusos sexuales aparecieron como otra herramienta dentro del mismo esquema de dominación.

Para la fiscalía, no se trató de hechos aislados sino de prácticas sistemáticas con una lógica de sometimiento.

Las pericias psicológicas sobre Fernando José Soria lo describieron como una persona narcisista y psicópata, con una marcada capacidad para detectar vulnerabilidades y manipular. También aclararon que comprendía plenamente sus actos y sus consecuencias.

Por su parte, las víctimas no respondían a un único perfil. Eran mujeres y varones de distintas edades, profesiones y trayectorias, que tenían en común una búsqueda: respuestas espirituales o contención emocional. Entre las víctimas hay docentes, profesionales de la construcción, empresarios, investigadoras.

La historia de Pilar

Entre todas las víctimas, la historia de Pilar Savietto ocupó un lugar central en el juicio.

Era licenciada en turismo, tenía trabajo, proyectos, vínculos afectivos y un emprendimiento propio. Había atravesado dificultades en su vida, pero había logrado reconstruirse.

Su contacto con la “escuela” de Soria comenzó en 2021. A partir de ahí, quedó atrapada en el mismo proceso de aislamiento y abuso que el resto.

Cuando Soria fue detenido en 2023, ese sistema que la contenía, y la dominaba, se desmoronó. Intentó retomar su vida, reconstruir sus vínculos pero el daño era muy profundo. En 2025, Pilar se suicidó.

Para la fiscalía, la relación entre esa muerte y los abusos fue directa. “Pilar hoy estaría viva si Fernando Soria no se hubiese cruzado en su camino”, sostuvo Almirón en su alegato.

El tribunal y los jurados coincidieron con esa interpretación. Soria deberá pasar el resto de sus días en la cárcel, mientras las sobrevivientes de sus abusos reconstruyen sus vidas. La mayoría de ellas volvió a reunirse con sus familiares, a reinsertarse laboralmente y a creer en un futuro diferente.

Fuente: La Voz